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La responsabilidad objetiva por el riesgo o vicio de las cosas y las actividades peligrosas

I.- Introducción

El derogado Código Civil regulaba la responsabilidad civil en función del riesgo o vicio de la cosa, cuya clasificación había sido introducida mediante la Ley 17.711, a través del artículo 1113, 2do. Párrafo. El mismo hacía alusión a la responsabilidad tanto por “la cosa” en sí misma, como su “riesgo” o vicio en su utilización. La Ley 26.994 codifica específicamente su factor objetivo de atribución, en virtud de lo normado en los artículos 1721, 1722 y 1757 del Código unificado; siendo este último quien resalta la responsabilidad derivada de la intervención de las cosas, como también de las actividades riesgosas.

A través del vigente ordenamiento el Legislador ha querido reflejar expresamente la clase de responsabilidad atribuible al agente, ampliando el alcance de sus efectos –incluso– a las “actividades riesgosas o peligrosas”, sea por los medios empleados o por las circunstancias de su realización, no siendo eximentes de reparación: a) la autorización administrativa para el uso de la cosa o la realización de la actividad; y b) el cumplimiento de las técnicas de prevención.

Si bien la abolida normade Vélez solo hacía menciónen cuanto a que el dueño o el guardián de la cosa (que por su riesgo o vicio en su utilización y/o fabricación), quedaba eximido de responder por la culpa de la víctima o de un tercero ajeno a su conocimiento, lo cierto es que se sostiene que el nuevo Código “no define lo que se entiende por riesgo o vicio, tarea que queda para la doctrina o la jurisprudencia”[1]; al mismo tiempo de haberse eliminado la responsabilidad “con la cosa”, supuesto éste que se encontraba contemplado en el artículo 1113, 1er. párrafo del Código derogado. De allí que, de producirse un evento dañoso generado por la cosa, “el factor de atribución será subjetivo sin inversión de la carga de la prueba de la culpa, si la cosa, o la actividad no es riesgosa”, siendo “objetivo si la cosa o la actividad representan un riesgo significativo para terceros”[2].

No obstante, la modificación, pareciera observarse que la nueva pautalegislativa resulta ser más contemplativa en cuanto al encuadre legal de la responsabilidad por el riesgo, vicio o actividad riesgosa, resultando tanto el dueño, como el guardián, responsables “concurrentes” ante el perjuicio causado, de conformidad con lo establecido en el art. 1758 del Código vigente. Lo que deviene relevante en su análisis (cfr. art. 1757), es “el vicio o el riesgo generado por la cosa, o en la actividad”, la que producto de su naturaleza, circunstancias especiales inherentes o ajenas que la rodean, y/o el carácter ordinario en su función, empleo outilización, suponen una contingencia extraordinaria o un factor condicionante en la sociedad, cuál debe ser valorado procesalmente con mayor rigurosidad (de allí “el factor objetivo de atribución y la inversión de la carga de la prueba”). Acto seguido analizaré su interpretación.

II.- El riesgo o el vicio de la cosa que genera responsabilidad

Desde una óptica gramatical, según ALTERINI[3]“riesgo” es la contingencia o proximidad de un daño por cuanto el sujeto se encuentra expuesto a padecer un perjuicio. En cambio, “vicio” en su primera acepción hace referencia a la mala calidad, defecto o daño físico en las cosas[4]. Sobre esta categoría, Pizarro enseña que “una cosa es viciosa cuando presenta un defecto de fabricación, de funcionamiento o de conservación que la torna inapta para la función que debe cumplir de acuerdo con su naturaleza”[5].

Por su parte, Trigo Represas también comenta que “desde un punto de vista puramente gramatical, no pueden caber dudas de que “riesgo” y vicio” de la cosa constituyen dos expresiones que aluden a conceptos distintos. “Riesgo” es la contingencia o proximidad de un daño, ya que correr un riesgo significa estar expuesto a sufrir un daño. El “vicio” por su parte, es un defecto, imperfección o anomalía –que a su vez puede ser de fabricación, funcionamiento o conservación–, que presenta una cosa y que la torna inapta o impropia para su destino o utilización de acuerdo con su naturaleza –doctrina del art. 2614del Código–[6].

Cabe resaltar también que el vicio puede transformar a la cosa inocua en generadora de riesgo, y que éste último puedeacontecer producto de la naturaleza en si misma de la cosa,o en su forma de utilización, sea por sus circunstancias, posición o despliegue. Es así que, si bien en muchas ocasiones la cosa no resulta ser riesgosa en sí misma, ésta puede tornarse peligrosa en cuanto al medio, o empleo utilizado, provocando la obligación de responder ante los daños ocasionados en razón del riesgo generado por su uso, colocación o manejo. Así, por ejemplo, puede citarse el caso de analizar si una “manguera”(como “cosa”) puede incurrir en el reproche del presente artículo, por considerarse “riesgosa”. La respuesta sería negativa, en función de que la cosa no representar en sí misma un peligro para la sociedad. No obstante, la cosa (en el caso, “la manguera”) podría incurrir dentro de la presente responsabilidad, transformándose peligrosa por su utilización. Puede decirse entonces que “una manguera” no refiere ser una cosa riesgosa por naturaleza, pero si por su utilización (Ej.: colocada en una vereda del microcentro, en horario de mayor circulación peatonal) en virtud de la amenaza o peligro que representa.Trigo Represas –a favor del citado ejemplo– señala “otras ocasiones en cambio, no siendo cosa peligrosa en sí, podrá convertirse en una amenaza latente y crear o generar riesgos, al ser puesta en funcionamiento por la aplicación de la actividad humana; en cuyo caso el riesgo no estará tanto en la cosa causante del daño, sino en la actividad desplegada, en la cual la cosa juega sin embargo un papel principalísimo”[7].

En el caso del vicio de la cosa, mayormente éste se encuentra asociado a su naturaleza, (ya sea, por defecto en su fabricación, conservación o funcionamiento).

III.- El régimen actual (artículo 1757, del código unificado)

La manda en análisis (art. 1757) recepta las principales ideas y principios sobre los que existía mayor consenso. Es decir, se mantiene la distinción entre lo que significa “riesgo“ y “vicio” de la cosa, en función de entenderse como conceptualizaciones diferentes en lo que respecta a la participación activa de la cosa (es decir, si el daño surge como corolario del vicio, o por su riesgo). A mayor abundamiento, se señaló que surge “una nítida distinción entre el riesgo creado y vicio” y sostener que una cosa solo es riesgosa para terceros “importa restringir indebidamente su ámbito de aplicación, eliminando la responsabilidad por el hecho de las cosas”, lo que “desvirtúa y vuelve inoperante el texto legal”[8].

Resaltando el sentido que le otorga al tema LORENZETTI[9], se sostiene que es importante destacar la actualidad de éstos conceptos, sobre los que el nuevo Código no innovó, manteniendo vigor la aseveración de que el riesgo de la cosa “es la contingencia del daño que puede provenir de cualquier cosa, riesgosa o no por su naturaleza, en tanto y en cuanto por las especiales circunstancias del caso dado, haya resultado apta para ocasionar el perjuicio, haya podido tener efectiva incidencia causal en su producción”[10]. Jurisprudencialmente se tiene dicho que “El fin específico del riesgo creado es posibilitar la indemnización del daño causado por el riesgo o vicio con indiferencia de toda idea de culpa”[11]. El riesgo creado regula la responsabilidad civil por el hecho de las cosas y constituye el principio rector en la materia”[12]. Pesan presunciones concurrentes sobre el dueño o guardián, quienes deben afrontar los daños causados a otro, salvo que prueben la existencia de circunstancias eximentes y la neutralización de los riesgos no puede dejar de lado los factores de atribución de responsabilidad que rigen en este ámbito”[13].

Se suprime al mismo tiempo la categoría de daños “con las cosas”, por lo queda eliminado el supuesto de daños causados por el hombre valiéndose de una cosa, (art. 1113, 2do. párrafo, 1° parte del Código anterior) el que estaba en desuso. Se dijo que se trataba de una hipótesis que “en la práctica presenta una cierta inanidad”[14] (destacándose al respecto que, ante su eliminación, “la responsabilidad es subjetiva u objetiva, según se trate del daño producido por el hombre o por el hombre valiéndose de las cosas que son instrumentos de su acción…”)[15]

IV.- Las actividades consideradas riesgosas o peligrosas, de conformidad con el nuevo ordenamiento.

Las “actividades riesgosas o peligrosas” pueden acontecer en función de su naturaleza, de los medios empleados, o circunstancias de su realización. Éstas surgen producto de un conjunto de operaciones, conductas o tareas generadas por una persona (física o jurídica), incorporándose en ésta última, el riesgo empresarial.Puede decirse al respecto que “la actividad riesgosa” es una expresión que tiende a superar el rígido marco de la exigencia de una “cosa” como presupuesto necesario para la configuración de la responsabilidad objetiva[16].

En cuanto al estudio del peligro o riesgo que representa (sea por su naturaleza, medios empleados y/o circunstancias relacionadas con la actividad), resulta apropiado resaltar lo que sostiene el autor, en función de poder apreciar su grado de diferenciación. “Las actividades riesgosas por su naturaleza son las intrínsecamente dañosas, o sea las que tienen dañosidad o peligro en sí mismas. Señala con acierto la jurisprudencia que “la actividad será riesgosa por su naturaleza, cuando intrínseca y naturalmente, cualesquiera sean las circunstancias en las que se efectúe, la actividad conlleve un peligro inmanente (v. gr. Explotación de energía nuclear). Será en cambio una actividad peligrosa por las circunstancias de su realización, cuando –no obstante no revertir un peligro regular o constante– las modalidades de tiempo, modo y lugar la tornan peligrosa. Por ejemplo, el trabajo en la construcción o en obra”[17]. Por los medios empleados es riesgosa la actividad que adquiere esa entidad aunque normalmente es inocua, como por ejemplo, cuando una persona hace uso de mecanismos, instrumentos, aparatos o sustancias que son peligrosas por la velocidad que desarrollan”[18].

La figura en análisis guarda actual basamento normativo en función de la interpretación jurisprudencial asignándole una responsabilidad de carácter objetiva siendo que el riesgo en la actividad no depende de la participación de cosas. La presente responsabilidad no se asocia con la culpabilidad del agente, cuya imputación solo puede quedar eximida ante supuestos de demostrar la “causa ajena” (cfr. art. 1722). Es por ello que quién desarrolla una“actividad riesgosa” debe probar que el hecho no le es imputable, teniendo en cuenta que no lo exonera en éste caso particular “la autorización administrativa para el uso de la cosa o actividad riesgosa, ni el cumplimiento de las técnicas de prevención (cfr. último párrafo del art. 1757, del Código vigente).”

En relación a la “actividad riesgosa”, se señaló que “si se acreditó que el agente de policía asesinado actuaba en cumplimiento de su deber, la provincia es responsable, pues la posibilidad cierta de ocurrencia de enfrentamientos armados como el que derivó en la muerte del causante, por integrar el riesgo propio de la actividad, no representa una situación excepcional que pueda eximirla”[19].

V.- Síntesis doctrinal

Si bien aparecen diferencias de criterios autorales en cuanto a la nueva legislación que regula la responsabilidad civil derivada del “riesgo creado” o por las “actividades riesgosas”, existe una fuerte inclinación respecto a la conveniencia de que la misma se vea comprendida mediante un sistema de procedimiento y apreciación amplia, tal como las señala el vigente Código. Mientras una parte de la doctrina aferrada al principio de la culpa, sostiene que “la responsabilidad por actividades riesgosas sólo podría ser admitida, en el mejor de los casos, cuando el Legislador expresamente la regule, de modo específico, determinando sus alcances y límites”, otra corriente señala que “es conveniente regular la actividad por actividades riesgosas mediante fórmulas generales, como las que hemos mencionado anteriormente o como las que con muy buen criterio consagra el nuevo Código Civil y Comercial en sus arts. 1757 y 1758. Ello sin perjuicio de la conveniente y a veces muy necesaria regulación específica que puedan tener determinadas actividades riesgosas que, por su relevancia y gravedad, requieren de un tratamiento específico en temas trascendentes como extensión del resarcimiento, eximentes, etcétera”[20].

En cuanto a las causales de exoneración, cabe precisar que los “eximentes”, resultan ser aquellos supuestos donde la imputación del perjuicio no puede atribuirse en razón de acaecer circunstancias que demuestren la culpa de la víctima (el hecho del damnificado), la intervención de un tercero ajeno a su proceder y/o conocimiento, (tercero extraño), y el caso fortuito, destacándose en forma significativa, que si bien éstos eximentes serán atendibles en materia de responsabilidad por “el hecho de las cosas” (riesgo o vicio), no podrá correr con la misma suerte hacia las “actividades riesgosas”, toda vez que “acreditado que el daño fue causado en el curso de una actividad riesgosa y que guarda relación causal adecuada suficiente con la misma, la causa desconocida no exime”[21].

Resulta relevante destacar que si bien la naturaleza de los medios empleados es solo una circunstancia que puede tornar riesgosa una actividad, existen otras circunstancias, de tiempo, modo y lugar, que no son precisamente instrumentales y que razonablemente no pueden ser excluidas o tratadas de manera diferente[22]. A diferencia del riesgo creado –sea por el hecho de las cosas, en función del riesgo o vicio– “aplaudimos el criterio amplio del Código Civil y Comercial, que siguiendo al Proyecto del Código Único de 1987, al de la Comisión designada por Decreto 468 del año 1992 y al Proyecto de Código Civil de 1998, admite la existencia de un riesgo circunstancial”[23], cual de alguna manera contempla un análisis mucho más amplio para éste tipo de eventos y responsabilidad, siguiendo el ejemplo de la Doctrina y Jurisprudencia Italiana, cual además de velar por los supuestos previstos por la Ley, -en cuanto a “actividad riesgosa” se refiere– ésta también incluye “todas aquellas que, no estando tipificadas, tienen una peligrosidad intrínseca o relativa a los medios empleados”[24].

Conforme lo expuesto, el nuevo ordenamiento no solo codifica la clase de responsabilidad aplicable en cuanto al riesgo, vicio de la cosa y/o actividad riesgosa, señalándose taxativamente que no existirá exoneración aunque medie autorización administrativa, como tampoco ante el cumplimiento de técnicas de prevención, (cfr. art. 1757, último párrafo, del CCCN); circunstancia que de algún modo motiva a extremar los recaudos exigibles a fin de “no dañar a otro”, (cfr. art. 19, de la Constitución Nacional).-

(*)Abogado. Ex secretario del Dr. Luis A. Ahumada Herrera - Juez nacional (Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Civil N°22). Ex Integrante (pasante) Excma. Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil de la Capital Federal - Sala D. Ex Docente (ayudante de cátedras) de Derecho de Familia - Derecho de Daños - Universidad de Palermo.

[1]RIVERA Julio – MEDINA Graciela, “Código Civil y Comercial de la Nación comentado”, Editorial LA LEY, Buenos Aires, Año 2015, Tomo IV, pág. 1122.

[2]Cfr. RIVERA Julio – MEDINA Graciela, “Código Civil y Comercial de la Nación…”, ob. cit., pág. 1123.

[3]ALTERINI, Horacio,“Código Civil y Comercial de la Nación – Tratado Exegético”, Edit.LA LEY, Buenos Aires, Año 2015

[4]ALTERINI, Horacio J., “Código Civil y Comercial de la Nación…”, ob. cit., Tomo VIII, pág. 336.

[5]PIZARRO, Ramón, “Responsabilidad Civil por el riesgo o vicio de la cosa”, Universidad, Buenos Aires, Año 1993, pág. 422 (cfr. ALTERINI, ob. cit., pág. 336)

[6]TRIGO REPRESAS, Félix, “La Responsabilidad civil por el riesgo o vicio de la cosa”, LA LEY, 1989-E-8; Responsabilidad Civil. Doctrinas esenciales, LA LEY, 2007, T° II, pág. 745, (cfr. cita ALTERINI, obcit, págs. 336 y 337).

[7]TRIGO REPRESAS, Félix, “La Responsabilidad civil por el riesgo o vicio de la cosa”, LA LEY, 1989-E-8; Responsabilidad Civil. Doctrinas esenciales, LA LEY, 2007, T° II, pág. 745,

[8]CSJN., “Machicote Ramón c/Empresa Rojas S.A.”, D.T. 1993-A-555 de fecha 28/04/1992; y “Castro Susana c/Amadeo Quiroga Transportes S.A.”, J.A. 1995-I-294, de fecha 04/10/1994.

[9]LORENZETTI, Ricardo, “Código Civil y Comercial de la Nación comentado”, Edit.Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, Año 2015.

[10]TRIGO REPRESAS, Félix, “El concepto de cosa riesgosa”, Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires, Serie I, Anuarios-Anales, Segunda Época, Año XXXIX, N° 32,-1994, Buenos Aires, 1995, pág. 367 (cfr. LORENZETTI Ricardo, obcit, pág. 582)

[11]CSJN, “González Luís c/Ferrocarriles Argentinos”, J.A. 1995-I-290.

[12]CSJN, “Empresa Nacional de Telecomunicaciones c/Provincia de Buenos Aires”, Fallos 310-2804, SCJBA, “Sacaba de Larosa c/Vilches Eduardo” Ac. 33.155, de fecha 08/04/1986.

[13]SCJBA, “Sacaba de Larosa c/Vilches Eduardo” Ac. 33.155, LL., 1986-D-479, con nota de TRIGO REPRESAS Félix, aceptación jurisprudencial de la tésis del riesgo recíproco en la colisión de automotores; CSJN, “Empresa Nacional de Telecomunicaciones c/Provincia de Buenos Aires”, Fallos 310:2804, E.D., 128-281, J.A., 1986-IV-579, LL., 1988-D-297 (cfr. cita LORENZETTI Ricardo, “Código Civil y Comercial de la Nación comentado”, ob., cit., Tomo VIII, pág. 582)

[14]BUERES, Alberto, “Culpa y riesgo”. Sus ámbitos, en Revista de Derecho de Daños, N° 2006-3, Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, pág. 39 (cfr. cita LORENZETTI Ricardo, “Código Civil y Comercial…”, ob cit., pág. 582).

[15] Cfr. GALDOS, Jorge M., “Responsabilidad por hecho de las cosas y el riesgo”, en LORENZETTI Ricardo, “Máximos precedentes. Corte Suprema de Justicia de la Nación”, LA LEY, Año 2014, T° III, pág. 105.

[16]GOLDENBERG, Isidoro, “La responsabilidad derivada de actividades riesgosas en el proyecto de unificación legislativa civil y comercial”, J.A., 1998-II-552.

[17]TSJ de CORDOBA, Sala Civil y Comercial, de fecha 06/09/2004, “Arias de Fernández Blanca c/Tagle (h) y Cía. S.A.” citado por ROITMAN Horacio y CHIAVASSA Eduardo, “El riesgo en los proyectos de Reforma al Código Civil”, Revista de Derecho de Daños, N° 2066, Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, pág. 333.

[18]LORENZETTI, Ricardo, “Código Civil y Comercial de la Nación comentado”, ob. cit., pág. 587.

[19]SCJBA, 15/10/2016, “A.,E.E.c/Provincia de Buenos Aires”, LA LEY Online, LLBA, 2015 (Marzo) pág. 194, (cfr. cita ALTERINI, Horacio J., “Código Civil y Comercial de la Nación – Tratado Exegético”, ob., cit., Tomo VIII, pág. 342)

[20]CALVO COSTA (dir), “Doctrina y Estrategia del Código Civil y Comercial”, Editorial LA LEY, Buenos Aires, Año 2016, Tomo V, pág. 352 y 353.

[21]ZAVALA DE GONZALEZ, Matilde, “Resarcimiento de Daños”, Tomo 4, pág. 612/613 (resaltando que “solo se exime la causa esclarecida en tanto y en cuanto sea ajena al riesgo de la actividad).

[22]CALVO COSTA (dir), “Doctrina y Estrategia del Código Civil y Comercial”, Editorial LA LEY, Buenos Aires, Año 2016, Tomo V, pág. 349.

[23]CALVO COSTA (dir), “Doctrina y Estrategia del Código…”, Editorial LA LEY, obcit, pág. 349.

[24]CORTE de CASACIÓN de ITALIA, Sentencia 2584, de fecha 29/05/1989, citada por VISINTINI, “Tratado de la Responsabilidad Civil, Astrea, Buenos Aires, 1999, Tomo II, pág. 419 (Cfr. cita CALVO COSTA (dir), “Doctrina y Estrategia del Código…”, Editorial LA LEY, obcit, pág. 353).

Citar: elDial.com - DC234D

Publicado el 15/06/2017

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